Como todas las cosas los tubos sufren un desgaste con su uso. En su caso particular la intensidad va decayendo paulatinamente sin que sea detectable a simple vista. Es común que entre los 6 y 9 meses de uso en fotoperiodos de 10 a 12 horas diarias la intensidad decaiga hasta un 50%. Lógicamente nos encontraremos con que las plantas frenan su crecimiento y se marchitan. Por mucho que busquemos la causa del problema no lo vamos a encontrar a menos que sustituyamos los tubos. Por ello es conveniente cambiarlos tras 9 meses de uso. Recomiendo los cambios parciales, es decir; unos a los seis meses y el resto a los 9. Así logramos mantener una intensidad más estable. Resulta imprescindible tomar nota de la fecha de cambio.
La cantidad de luz se mide en Lux que es la cantidad de iluminación que emite una fuente de luz de 1 W a 1 metro de distancia sobre 1 metro cuadrado de superficie de color blanco. Para realizar la medición de la intensidad lumínica podemos utilizar tres métodos. Utilizar los medidores existentes en los comercios, utilizar si contamos con ello el medidor de luz de una cámara fotográfica obteniendo la luz del reflejo en un espejo ubicado en el fondo del tanque. O utilizando el medidor directamente de forma oblicua desde la pared frontal a los fluorescentes. Este último método sin duda es el más inexacto pero es útil si lo que perseguimos en tener una idea aproximada.
Los tubos fluorescentes más utilizados son los llamados Grolux, empleados tanto para iluminación de acuarios de agua dulce y marina como para terrarios. Los tubos fluorescentes presentan la ventaja de bajo consumo, producen poco calor y distribuyen de forma equilibrada la luz.
Relación potencia (W), longitud de fluorescente (cm) y diámetro (mm) |
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14 |
38 |
25 |
15 |
45 |
25 |
20 |
60 |
25 |
30 |
90 |
38 |
40 |
120 |
38 |
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Relación volumen del acuario (litros), número de tubos y Vatios necesarios (W) |
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65 |
2 |
15 |
100 |
2 |
30 |
180 |
2 |
30 |
200 |
2 |
30 |
300 |
4 |
40 |
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A la instalación del sistema de iluminación conviene que realicemos una fase de observación. Puesto que es muy corriente que los cálculos teóricos no coincidan con nuestra instalación. Por ello debemos tomar las tablas anteriores como mero indicativo. Las poblaciones de algas pueden ser en este caso nuestras principales aliadas. Cuando las algas sean de color azulado o negruzco podemos determinar que existe un exceso de iluminación. Cuando por el contrario las algas adquieran una tonalidad amarillenta o parda será indicativo que nuestra iluminación es precaria. El tener unas algas de color verde brillante garantiza que el fotoperiodo y la intensidad elegidos son los correctos.
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En cuanto al tiempo diario de encendido se ha de decir que debemos mantenerlo lo más estable posible. Un fotoperiodo de 12 horas puede ser el indicado dependiendo de las plantas que mantengamos. Más tiempo no es excesivamente perjudicial, salvo por el riesgo a mantener colonias de algas negras. Por el contrario periodos menores suponen mayor riesgo de entorpecer el crecimiento de las plantas.
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Los peces en cambio no dependen tan directamente de la iluminación y es suficiente periodos inferiores de 8 a 10 horas. Un aumento del fotoperiodo no subsana las deficiencias de intensidad.
Para lograr mantener un fotoperiodo homogéneo podemos recurrir a la instalación de un programador (interruptor horario). Este nos va a permitir que las luces se enciendan y se apaguen a una hora determinada asegurando el proceso. Si podemos invertir un poco más conviene decidirse por los modelos que permiten un encendido paulatino (Reóstato). Así reproducimos el amanecer y el anochecer y causamos menos estrés a los animales.
Terminare diciendo que en verano el mantenimiento del fotoperiodo puede causarnos algún problema. Las luminarias como es lógico producen calor y en esta época aunque los calentadores estén apagados contribuyen a elevar la temperatura. Podemos decidirnos entre mantenerlos apagados o disminuir el nivel del agua con lo que al abrir la tapa logramos que circule el aire y no se caliente tanto la superficie.
Siguiente capítulo: Los peces y la maduración del acuario
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